España 2025: el migrante en el centro del conflicto político y del discurso de odio

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El PP y Vox protagonizan un nuevo cruce sobre expulsiones y regularización, mientras crece el uso político de la figura del inmigrante

El Partido Popular y Vox reabrieron esta semana la disputa en torno a las personas migrantes que viven y trabajan en España. Mientras el PP propone regularizar a quienes ya residen en el país para cubrir puestos clave, Vox insiste en expulsarlos “sin explicar cómo”, según cuestionó el vicesecretario Alberto Nadal. El cruce vuelve a confirmar un patrón creciente en la política española: el uso del migrante como eje de enfrentamiento ideológico, muchas veces con tintes de odio y desinformación.

Durante una intervención reciente, Alberto Nadal (PP) defendió la necesidad de una “inmigración selectiva y ordenada”, en línea con las necesidades del mercado laboral, y propuso regularizar a quienes ya están integrados en la economía. Al mismo tiempo, reprochó a Vox que proponga expulsar migrantes sin detallar mecanismos reales para hacerlo, acusando al partido de lanzar propuestas “grandilocuentes” sin viabilidad operativa.

Esta no es la primera vez que el discurso migratorio se convierte en munición política. En los últimos años, tanto la extrema derecha como sectores más moderados han utilizado la figura del migrante —y en particular del extranjero irregular— como blanco de discursos que alimentan el miedo, la desinformación y la polarización. Mientras tanto, se ignora el hecho de que una gran parte de los trabajadores esenciales en España son personas extranjeras, muchas veces en condiciones precarias.

Las diferencias entre PP y Vox reflejan dos modelos de gestión migratoria dentro de la misma derecha. Por un lado, el PP reconoce el aporte laboral de los migrantes y plantea regularización como estrategia económica frente al envejecimiento poblacional y la falta de mano de obra. Por otro lado, Vox insiste en discursos de expulsión masiva, sin aportar propuestas técnicas ni garantías jurídicas. Esta tensión tiene efectos concretos: construye un clima hostil y legitima el rechazo social hacia comunidades migrantes, en su mayoría latinoamericanas, africanas y asiáticas.

Según informes recientes del Observatorio Español contra el Racismo y la Xenofobia, los contenidos xenófobos en redes sociales y medios han aumentado notablemente en 2025, con especial incidencia sobre jóvenes y migrantes de habla hispana. Este fenómeno se retroalimenta con declaraciones políticas que, lejos de promover integración, refuerzan estereotipos y colocan al extranjero como “problema”, en lugar de reconocerlo como parte de la solución económica y social del país.

Los datos oficiales revelan que España necesita trabajadores en sectores como agricultura, construcción, atención domiciliaria y hostelería, todos cubiertos en gran medida por personas migrantes. Sin embargo, el marco legal sigue siendo restrictivo y muchas de estas personas no acceden a derechos básicos ni a procesos de regularización eficaces, lo que las deja en situación de vulnerabilidad y exposición constante a discursos discriminatorios

El caso español no es aislado. En varios países europeos se observa una tendencia creciente a criminalizar la migración o banalizar los derechos humanos en nombre de la seguridad, mientras se ignora el impacto real de estas políticas en millones de personas.